EL MEJOR REGALO EN EL DIA DEL NIÑO
Dra.
Patricia García Mora
EL MEJOR REGALO EN EL DIA DEL NIÑO
En unos días más se celebra el
DIA DEL NIÑO. Tiempo atrás era un día que no aparecía en el calendario. Luego,
se fue celebrando en las escuelas y ahora es un día que todos celebramos. Lo que hay que reflexionar es la forma como
esta celebración se lleva a cabo. Lo más sencillo sería ir a algún almacén y
adquirir algún juguete, una mascota, dulces, etc. Sin embargo esto es algo que
en algún momento deja de tener valor y para nuestros hijos queremos lo mejor.
Veamos entonces qué podría ser un valioso regalo en este día que está por
llegar.
Mucho se habla sobre el tiempo
que los padres debemos dedicar a los hijos. Los tiempos actuales nos regalan
infinidad de literatura con sugerencias, guías e incluso técnicas precisas para
educar a un hijo. Sin embargo, algo sucede que todo eso se convierte solamente
en un “conocimiento” del que nos ufanamos. Ya sabemos mucho de lo que nuestros
hijos quieren, sólo que no nos damos tiempo para darles lo que necesitan o tal
vez ni siquiera sabemos qué es lo que requieren de nosotros, porque la vida tan
apresurada de estos tiempos nos quita la oportunidad de escucharles.
Existe una carta, de autor
anónimo, en el que un hijo habla a sus padres. Pensemos que son nuestros hijos
quienes la han escrito y vamos a aprovechar la oportunidad de este día para
“escuchar” lo que nos piden, así como
analizar brevemente los beneficios
que ellos obtendrían si satisficiéramos su solicitud.
A los padres del mundo:
-
“No
me des todo lo que pida. A veces yo sólo pido para ver hasta cuánto puedo
obtener. No me des siempre órdenes. Si en vez de órdenes me pidieras las cosas
yo lo haría más rápido y con más gusto.” Los niños aprenden a obedecer cuando las
órdenes les son claras y expuestas de buena manera. Cuando los niños entienden
el por qué de las órdenes y los beneficios que obtendrán al obedecerlas. El
obedecer por obedecer no tiene sentido ni para ellos ni para nosotros como
adultos. Recibir órdenes absurdas y expresadas de mal modo, solo hacen que en
su inconsciente se genere rebeldía y que el obedecer sea un valor que no les
motive adquirir.
-
“No
cambies de opinión tan a menudo sobre lo que debo hacer. Decídete y mantén tu
decisión. Cumple las promesas buenas o malas”. Cuando un niño aprende que sus padres solo se
vuelven amenazas, el respeto que le tienen se quebranta y además la seguridad
del niño se debilita al no entender por qué sus padres dicen cosas que no
cumplen luego.
-
“No
me corrijas mis fallas delante de nadie. Enséñame a mejorar cuando estemos
solos y no me ridiculices. “El niño es un ser humano digno de todo
respeto. Si como adultos no nos agrada que se nos cuestione y reprima en
público, tampoco a ellos es algo que les agrade. Además el hacerlo les lastima
tanto como lo sentimos nosotros si estamos en las mismas circunstancias.
-
“No
me compares con nadie, especialmente con mi hermana o hermano. Si tú me haces
lucir mejor que los demás alguien va a sufrir y me haces lucir peor que los
demás, entonces seré yo el que sufra”. Los niños son únicos e
irrepetibles. Cada uno tiene su propio valor y su carga de capacidades. No es
necesaria la comparación. El hecho de hacerlo no ofrece ningún beneficio. Nadie
que es comparado se siente motivado a modificar su comportamiento. Al contrario.
La carrera que ellos hacen es la de su propia vida y no necesitan que se les
diga quién va adelante o detrás de ellos. Solo requieren de apoyo y estímulo
para llegar a su propia meta.
-
“No
grites. Te respeto menos cuando lo haces y me enseñas a gritar a mi también y
yo no quiero hacerlo”.
Los niños son excelentes imitadores. No podremos quejarnos de un niño que alza
la voz si nosotros lo hacemos. Ellos lo han aprendido del ambiente en donde
viven. Además una voz tranquila permite
que el canal de comunicación se mantenga abierto. Los gritos se escuchan, pero
las palabras dichas de esa manera no. Es triste reconocer cómo un padre que
grita a sus hijos no sólo no gana nada, sino que pierde ante ellos.
- Déjame valerme por mí
mismo. Si tú lo haces todo por mí yo nunca podré aprender”. Este mundo vuelto
prisas hace que queramos que todo esté hecho de inmediato y además de manera
perfecta. El aprendizaje de todo es un proceso que lleva tiempo.
Los niños están aprendiendo a vivir. Si no permitimos que el niño aprenda de
sus ensayos y errores, si no le tenemos paciencia para que lo haga a su propio
ritmo, jamás podrá valerse por sí mismo. Y nunca de manera mágica podrá
volverse responsable cuando crezca si no
le dimos la oportunidad de aprender a serlo cuando era pequeño.
- “No digas mentiras delante de mí, ni me pidas
que las diga por ti, aunque sea para sacarte de apuros. Me haces sentirme mal y
perder la fe en lo que tú dices”. Si queremos que el niño aprenda a ser sincero y
honesto, la única manera de enseñarle es a través de nuestro ejemplo. Jamás
esperemos que un niño que ha escuchado decir mentiras a sus padres sea un
ejemplo de la verdad en todo momento.
-“Cuando yo haga algo
malo no me exijas que te diga "el por qué" lo hice. A veces ni yo
mismo lo sé. Cuando estés equivocado en algo admítelo y crecerá la opinión que
yo tengo de ti y así también me enseñarán mis equivocaciones”. Enseñar a los hijos
que de los errores se aprende es la mejor enseñanza que puede ofrecérseles en
sus vidas. Todos estamos expuestos a errar y más cuando no sabemos qué hacer.
Cuando un hijo se equivoca en su comportamiento la respuesta al “por qué” es
muy sencilla: no sabía cómo hacerlo de otra manera o no imaginaba que las
consecuencias fueran tan graves. Mejor analicen juntos la situación y
muéstrenles como todo tiene una consecuencia y que de ellas se aprende.
-“Trátame con la misma amabilidad y cordialidad
con las que tratas a tus amigos, no porque somos familia quiere decir que no
podamos ser amigos”. Es paradójico que lo mejor
de uno mismo y las mejores cosas y lugares de la casa sean para disfrute de
quienes no viven con nosotros. Las visitas, los amigos llegan y se van. Los
hijos se quedan por un buen tiempo y cuando se vayan de nuestras vidas sería
hermoso que nos recordaran como los mejores anfitriones de esa casa en donde
les tocó crecer.
- “ No me digas que
haga una cosa y tú no la haces. Aprenderé siempre lo que tú hagas pero nunca lo
que tú digas y no hagas. Cuando te cuente un problema no me digas: "No
tengo tiempo para tus tonterías" o "eso no tiene importancia".
Trata de comprenderme y ayudarme. Enséñame a amar y a conocer a Dios. No
importa si en la escuela me quieran enseñar, porque de nada vale si yo veo que
ustedes ni conocen ni aman a Dios”. Los valores, las formas de
actuar, las creencias, los estilos de vida se siembran en el hogar. Las
escuelas son el mejor apoyo para los padres, pero su misión no cubre el
papel que les toca desempañar como
tales.. En las escuelas tienen un maestro que cambia año tras año. Los padres
son los mismos por siempre. Si un niño es escuchado en casa, aprende a
escuchar; si es respetado, aprende a respetar; si es amado, sabrá cómo amar.
Que el niño se sienta amado, respetado, aceptado e importante, es algo que sólo
los padres pueden lograr.
Comentarios