Consecuencias, no castigos
El castigo es contraproducente en varios sentidos, porque es una solución momentánea, y se aplica con sentimientos desagradables que lastiman las relaciones entre padres e hijos. Y además no enseña nada y genera un ambiente doloroso en el hogar.
En cambio, las consecuencias enseñan y ayudan a que el niño aprenda a tomar decisiones. Para que el aprendizaje se dé, es indispensable que haya reglas y que éstas tengan consecuencias si no se respetan.
Es importante entonces cuidar que en casa haya reglas, cortas, sencillas y claras…y que se conozca la consecuencia que tendrá el no atender la regla.
Por ejemplo, si el niño no se quiere sentar a la mesa para comer, la consecuencia es no comer; si no quiere recoger los juguetes, la consecuencia será que al día siguiente no tendrá esos juguetes para jugar; si grita para que se atienda; la consecuencia es no escucharle ni atenderle hasta que lo haga en tono de voz adecuado.
El objetivo como padres es formar a sus hijos para vivir, no hacerles sufrir por algo que quizás ni entiendan.